Las secuelas de la parálisis braquial obstétrica
Cuando lo recuerdo a veces pienso que es un mal sueño producto de mi imaginación… pero me giro y te miro, miro tu brazo derecho y me doy cuenta de que no, que por desgracia todo fue muy real…Un día fue un brazo de trapo…un brazo sin vida producto de una mala praxis a consecuencia de no saber resolver una distocia de hombros…
Ha sido 1 año de incesante lucha, con muchos momentos duros y muchas pequeñas alegrías que nos han hecho recargar fuerzas.
Nos enfrentamos a otro año muy duro, afrontando una nueva intervención quirúrgica para resolver tu displasia glenohumeral pero gracias a todas las familias PBO sabemos que vamos por el camino correcto.
Os cuento como llegamos hasta aquí.
Violencia obstétrica
Hoy hace 1 año de aquél 10 de Agosto…, se presentaba cómo el día más feliz de nuestras vidas, estaba realmente feliz porque al fin te podría ABRAZAR!
Las horas fueron pasando despacio…una tras otra pero no me importaba porque por fin era el día, así que por cada hora que pasaba sentía que la distancia entre nosotros era más corta…quedaba menos para abrazarte.
Durante esas horas le repetía incesantemente a papá: «Cariño habla con mi móvil, no gastes la batería del tuyo que necesitamos tener batería para poder hacernos una foto los tres»…
Nuestra paciencia poco a poco iba transformándose en inquietud, incertidumbre.., ya no nos hacía ilusión escuchar los primeros «llantos de la vida» procedentes de otros paritorios, queríamos escuchar el tuyo…. nos moríamos de ganas por ser los siguientes felices papás!!!
Vejaciones en el parto
Las horas no paraban de pasar y el día siguió oscureciéndose…ya era de un gris tan oscuro que casi podías confundirlo con el negro…, durante esas horas el miedo comenzaba a apoderarse de nosotros……fue entonces cuando comenzaron las vejaciones, comentarios despectivos y el silencio….preguntas sin respuestas por gran parte de los sanitarios encargados de nosotros: «Eres primeriza«, «Hija, los partos duelen«, «está ocupado en una cesárea, ¿sabes lo que es eso?», «A mí no me calentéis la cabeza, las quejas al ginecólogo», y un sinfín de etcéteras (por entonces habían pasado ya más de 18 horas..)
Finalmente, tras mucha espera, horas de dolor físico, agotamiento y un inmenso miedo que me recorría de arriba abajo llegó el momento, nuestro momento pensaba yo…ese momento para el que llevaba preparándome durante 9 meses y soñándolo durante toda una vida.
El parto y la PBO

A las 3.30 de la madrugada un hombre de profesión ginecólogo decidió «acortar» el proceso de tu nacimiento y practicar un parto natural a toda costa, con su decisión y su práctica también arrancó de tu médula dos de tus nervios del brazo, provocándote una parálisis braquial obstétrica (PBO) o brazo de trapo, lesión permanente e irreversible de por vida que se generó debido a una distocia de hombros…fueron 45 minutos sin descanso de dolor inmenso…cargado de violencia obstétrica con prácticas que me ahorraré describir por aquí y que ojalá algún día consiga olvidar…y tras una urgencia obstétrica, un timbre de urgencia, la asistencia de medio centenar de profesionales sanitarios y cuatro intensos minutos con tu cabeza fuera y tu cuerpo dentro aún del mío, asfixiándote, perdiendo la vida…NACISTE…sin el llanto soñado e imaginado.
Parto macrosómico
No te sentí salir, no te vi, no te escuché…solo alcanzaba a oír: «que grande, madre mía que grande…”, aún colocada con la camilla hacia atrás debido a las maniobras de urgencia que me hicieron para «sacarte». A penas pasó un minuto hasta que me recolocaron en la cama y miré a mi izquierda y te vi…todo lila, sin fuerza alguna, sin llanto, sin respiración….en ese momento SÍ conocí el dolor real, dolor puro en el que todo tu mundo se paraliza…todo lo vivido en el parto ya no dolía…fueron 4 minutos indescriptibles…horribles…en los que una y otra vez te gritaba: «Nooo Marc, por favor Marc quédate…estoy aquí…” Pero, os juro que no tenía fuerzas pero no podía parar, necesitaba que mi bebe supiera que yo estaba junto a él, que iba a abrazarlo y arroparlo para siempre.
El que se suponía sería el mejor momento de nuestras vidas se convirtió de un plumazo en el PEOR.
Tras más de media hora reanimándote, por fin te pusieron junto a mí, a mi lado en la cama, envuelto en una toalla y con un gorro blanco y pude ver tus ojos bien abiertos, supe que habías decidido quedarte junto a mí. Habías decidido luchar aunque nos quedaba un largo camino por tu brazo de trapo.
Te Amo mi pequeño risueño, sin duda hemos conseguido el objetivo más importante: Eres un bebé superfeliz :))
TESTIMONIO DE LETICIA
